Lo primero que haremos es vaciar los tomates (semillas y corazón) con ayuda de una cuchara y los dejamos reposar boca abajo para que se quite todo el líquido sobrante. Incluso los podemos estrujar un poco para sacarle el máximo de líquido. Hay que procurar no romperlos.
En una olla ponemos agua con sal y cocemos las patatas peladas. Una vez cocidas quitamos el agua y las patatas las estrujamos en un cazo con la ayuda de un tenedor. A continuación ponemos el cazo con el puré al fuego (lento) y añadimos los huevos, la mantequilla y un poco de pimienta negra molida. Vamos removiendo para que no se pegue.
Rellenamos los tomates con este puré y los vamos colocando en una fuente de horno. Precalentamos el horno durante 10 minutos e introducimos la fuente en él. Horneamos los tomates rellenos durante 25 minutos a una temperatura de 200º C.
Servimos los tomates gratinados calientes.
