Es una herencia de la repostería sefardí. En un bol se echan los tres huevos, el aceite de oliva –la cáscara de un huevo rellena de aceite de oliva-, una copita de aguardiente, una pizca de sal generosa y la harina. Se amasa todo muy bien. Una vez conseguida la masa se extiende con un rodillo o una máquina de hacer la pasta italiana. Hay que procurar que sea lo más fina posible. Se deja reposar para que se seque un poco y la cortamos en porciones.
En una sartén ponemos aceite de oliva a calentar y cuando esté a 200 grados freímos las porciones de masa. Cuando esté dorada quiere decir que ya está frita la hojuela. La sacamos y espolvoreamos azúcar por toda la hojuela. Se deja escurrir y enfriar antes de comer. También se le puede espolvorear canela o añadirle miel por encima. De ahí el dicho como “miel sobre hojuelas”.
