Tenemos los garbanzos 36 horas antes a remojo, cambiando el agua cada 8 horas. Los tenemos en la nevera para que no haya cambios bruscos de temperatura.
Ponemos los garbanzos en una olla a cocer con un poco de sal. Al terminar la cocción probamos por si tenemos que añadir más sal. También podemos utilizar unos buenos garbanzos ya cocidos (un bote).
En una sartén echamos aceite de oliva virgen extra y doramos bien las costillas de cerdo frescas y la cabeza de ajos entera. Salamos.
Pelamos las patatas y las cortamos en rodajas y rallamos el tomate. Desechamos las pieles de los tomates.
Una vez doradas las costillas de cerdo las ponemos en la cazuela de barro.
En el mismo aceite donde hemos dorado las costillas freímos un poquito las morcillas de carne o “butifarrón” junto con la cabeza de ajo. Una vez fritas las morcillas las juntaremos con la carne en la cazuela. Acto seguido freiremos las rodajas de patata en el mismo aceite. Retiramos las patatas y en el mismo aceite sofreímos el tomate rallado y añadimos una cucharadita de pimentón dulce. Removemos y cuando ya esté el sofrito de tomate echamos el arroz y lo sofreímos. Damos vueltas para que se empape bien del aceite donde hemos frito la carne, las morcillas y las patatas.
Seguidamente añadimos los garbanzos cocidos y simplemente los calentamos y mezclamos bien con el arroz.
El arroz y los garbanzos junto con el sofrito de tomate lo añadimos todo en la cazuela con las costillas y las morcillas.
En este momento añadimos el agua o caldo de cocido (2 partes por cada una de arroz). Mezclamos bien y colocamos por encima las rodajas de patata y las rodajas de los tomates que hemos cortado.
Tenemos el horno precalentado a 200º C colocamos la cazuela y dejamos cocer durante 20 minutos a fuego fuerte (200º C). Sacamos la cazuela del horno y la tapamos con papel de aluminio durante 5 minutos y ¡a comer!.
