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Vínculos del producto de la denominación I. G. P.:

 

El consumidor que quiera consumir cordero con la denominación I.G.P. Cordero Manchego también tiene que tener en cuenta los vínculos históricos de la raza de oveja “Manchega” con esta  zona de Oveja raza manchega.producción castellano-manchega.

 

La procedencia de las ovejas de raza “manchega” hay que buscarla entre los primitivos ovinos mediterráneos, que formaron la primera rama de la especie adaptada a países secos, de limitadas posibilidades forrajeras y fuertemente dependientes de la climatología estacional. Los ovinos durante el proceso de la domesticación y posteriores etapas expansivas, se acomodaron a las condiciones ambientales antes citadas por intermedio de dos mecanismos anatómico-funcionales: almacenamiento de grasa corporal y adaptación del aparato locomotor.


Según el autor Sánchez Belda (1994), la raza Manchega tiene procedencia directa del gran tronco Entrefino autóctono, pero encuadrada  en un medio especial de extensas planicies cultivadas en su mayor parte, con fuente alimentaria suficiente,  pero poco densa y dispersa, que demanda un organismo de fácil desplazamiento, capaz de recogerla sin fatiga y transformarla con facilidad; así motivó la formación de un fenotipo i novo, de líneas alargadas, altas extremidades y aspecto andariego que por posterior selección logró especializarse y poseer dinteles productivos interesantes. Desde antiguo fue el principal animal de renta de La Mancha. Explotada para la producción de leche, paralelamente rendía un buen cordero y lana Gastronomía manchega (cordero).de utilidad textil. Abundan las citas históricas sobre la Manchega; de todas destacan las recogidas en la más famosa novela de todos los tiempos, que dio renombre universal a la cuna de la raza “Don Quijote de la Mancha”.

 

En la región castellano-manchega la ganadería ha tenido históricamente una gran importancia, representando en el año 1991 un 32% de la Producción Final Agraria (PFA). Por ello, como consecuencia de sus características climáticas y agrológicas, se ha ido configurando una importante y tradicional zona ganadera de clara especialización extensiva, donde el ovino es la principal actividad.


Esta fuerte especialización ovina de la región corresponde a sistemas tradicionales de producción basados en la raza Manchega (carne y leche), y en el aprovechamiento de recursos forrajeros marginales (barbechos, rastrojos, eriales, monte bajo etc.) en áreas deprimidas o de medio agrario difícil, en las que sin embargo han contribuido muy eficazmente el mantenimiento de las rentas agrarias y, por otra parte, a la conservación del delicado equilibrio ecológico de estas zonas.


Además, en las importantes áreas de cultivo de secano, correspondientes a las grandes llanuras de Castilla-La Mancha, donde se producen desde antiguo vid, cereales y leguminosas grano se ha desarrollado un modelo de producción ovino, subsidiario de la producción agraria, con aprovechamiento de rastrojos y barbechos como fuente principal de alimentación.

 


Descripción de la zona de producción de la IGP CORDERO MANCHEGO.

La Mancha es un antiguo campo espartero de los romanos, que los árabes llamaron “Manyá”, que viene a significar “sin agua”. Estos dos apelativos determinan de forma clara el carácter de la región.


Está escasamente poblada con poblaciones grandes pero dispersas. Es zona agrícola por excelencia: buena productora de trigo, de vid y de olivo; la primera región productora de ajos de nuestro país y con una importante producción de cebollas; destacando también el cultivo del azafrán; en los últimos años se ha producido un incremento en el cultivo de la cebada. Se la ha considerado una buena región ganadera, destacando el ganado lanar.


La Región de Castilla-La Mancha se encuentra situada en el centro de la Península Ibérica. Es la tercera comunidad autónoma más extensa de España, con una superficie de 79.409 km2. Hay dos tipos de paisaje: la llanura y la montaña.


La llanura domina el resto del territorio, ya que casi el 80% de la superficie regional no supera los 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Se trata pues de un territorio con predominio de las tierras llanas y altas y por un conjunto de áreas montañosas tanto en la periferia como en el interior de la región, que determinan una gran variedad topográfica y paisajística.

 

Geológicamente es una llanura rellena de sedimentos miocénicos, en las épocas de lluvias por la llanura del terreno se forman grandes charcas y lagunas de poca profundidad, en los que el agua permanece cierto tiempo.


Los principales ríos de la región castellano-manchega son el Tajo y el Guadiana que desembocan en el Atlántico, y los ríos Júcar y Segura, que lo hacen en el mar Mediterráneo. Luego están los ríos Záncara, Cigüela, Jabalón y Riánsares que son afluentes de alguno de estos ríos principales. El cauce de estos ríos es muy irregular, aunque muy aprovechado para el riego de tierras.


El clima de Castilla-La Mancha podemos calificarlo de mediterráneo continentalizado, caracterizado por inviernos fríos y veranos calurosos con fuertes oscilaciones térmicas y un régimen de lluvia irregular más abundante en otoño y primavera.


En invierno es frecuente que las temperaturas bajen de los 0º C en la mayor parte de la región. La temperatura media del mes de enero se sitúa por debajo de los 6º C, produciéndose numerosas heladas en las noches despejadas de nubes, también son frecuentes las heladas a principios de primavera y finales de otoño.


En verano frecuentemente se superan los 30º C, alcanzándose esporádicamente más de 35º C. Los veranos más suaves, por debajo de los 22º de media mensual se dan en el norte y nordeste de Guadalajara y en las zonas montañosas de Cuenca, donde las medias no suben de los 18º C.


Las precipitaciones son escasas y están entre los 400 y 600 litros por metro cuadrado al año. Castilla-La Mancha se incluye dentro de la denominada “España seca”. Los índices de aridez son muy altos, sobre todo en La Mancha y el sudeste.

 

La temperatura y las precipitaciones son un factor fundamental para la práctica de la agricultura y de la ganadería extensiva.


Antiguamente había muchos bosques de encinas hoy ha quedado reducida a una posición testimonial. Los bosques fueron sustituidos por los cultivos, fundamentalmente los cereales y la vid, que ocupan grandes extensiones de terreno. Mediante la captación de aguas subterráneas se ha modificado en gran medida el paisaje de algunas zonas de la llanura manchega, en las que se ha introducido el maíz como cultivo fundamental de regadío.


Las zonas presentan una amplia gama de recursos y aprovechamientos alimenticios para el ganado de los que cabe señalar, constituidos esencialmente por los cereales de grano, las leguminosas grano y el girasol, cuya importancia ya ha sido puesta de manifiesto. En los últimos años han aumentado su producción.


Estas tierras cultivadas aportan mucha comida al ganado, donde se ha cultivado el cereal las ovejas pastan la paja y las espigas de grano que han quedado como resto de la recolección. Son importantes los rastrojos de leguminosas con sus pajas de alto contenido proteico, de veza, de garbanzo y sobre todo de lenteja, tan numerosas en  algunas zonas. Resultan clásicos los aprovechamientos otoñales de los pámpanos de las abundantes vides. O el aprovechamiento de los restos del girasol, que en algunas provincias como Cuenca representa la segunda extensión de cultivo anual tras el cereal.


Después de las primeras lluvias las tierras cultivadas vuelven a  ser aprovechadas por el ganado. Aquellos granos que se perdieron y otra infinidad de variedades de semillas germinan, contribuyendo a la alimentación de los ganados en rastrojo y barbecho.


Bajo el punto de vista ganadero son trascendentes los pastizales que ocupan los claros de los matorrales, así tenemos los pastos anuales, siempre apreciados por su capacidad de prosperar en terrenos degradados y rocosos, revalorados por la presencia de leguminosas de interés forrajero. Las plantas presentes en estos pastos son: Medicago minima, Scorpius subillosa, Astragallus stella, etc.


Los cultivos forrajeros no ocupan un lugar destacado en el conjunto regional, a pesar de tratarse de producciones vegetales de alto valor nutritivo en alimentación animal. El cultivo más importante es la alfalfa, por su mejor adaptación a los terrenos calcáreos de La Mancha, seguida de la veza y los cereales de invierno. El consumo de los dos primeros se hace fundamentalmente en forma de heno, mientras que en los últimos años se ha extendido la práctica del ensilado de cereales para forrajes y de maíz forrajero.


La raza manchega es una especie ovina autóctona, adaptada desde antiguo a esta región y que ha constituido una de las principales fuentes de riqueza de esta comarca. Explotada por su producción de leche, carne y lana, constituye el principal aprovechamiento de los recursos naturales, flora y prados, forrajes, barbechos, rastrojos y monte bajo; esta variada alimentación y las peculiaridades de la propia raza proporcionan una carne de características especiales en jugosidad, color y aroma que la relacionan con su origen la práctica totalidad de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.



 




 

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